Boletín Nº 9 - Año 2007

Nuevos Paradigmas en la Crianza de Reinas - Parte II

El que sigue es un artículo escrito por Martín Braunstein, para la revista española
VIDA APICOLA Nº 143 (Mayo-Junio 2007), con motivo de su 25º aniversario.


Segunda Parte

Mejoramiento genético

En este contexto, la crianza de reinas, como parte esencial del proceso de multiplicación de las abejas, ha debido enfrentar numerosos desafíos, a saber:

-Preservar los ecotipos locales de abejas melíferas.
-Evitar los efectos letales de la endocría (consanguineidad).
-Obtención de abejas híbridas a través del cruzamiento de diversas razas.
-Selección de abejas resistentes a enfermedades.
-Uso de marcadores moleculares.
-Aplicación de PCR para la determinación de distintos haplotipos.
-Preservación de bancos de semen de zángano en nitrógeno líquido.

Un párrafo aparte merece la ejecución del proyecto GENOMA ABEJA. Esto ha permitido identificar millones de genes, pero, sin embargo, la aplicación práctica a fines selectivos es un objetivo distante. Los fondos asignados como presupuesto para la investigación apícola son muy escasos a nivel mundial. Es una incógnita imaginar de dónde saldrán recursos para avanzar en esta línea investigativa. Una posible línea de desarrollo, podría ser la propagación de abejas que produzcan una toxina que inhiba la reproducción de varroa en la cría operculada.

Durante el siglo XX, los principales exponentes académicos del mejoramiento genético apícola fueron sin duda el Dr. Friedrich Ruttner (+1998) y el monje benedictino Hermano Adam Kehrle (+1996). Ambos protagonizaron diferentes recorridos a lo largo del mundo con propósitos bien definidos. Mientras que el Dr. Ruttner nos deleitó con varias obras imprescindibles, su texto principal fue «Biogeografía y Taxonomía de las Abejas» que pretendió ser el intento más amplio de clasificación mediante métodos morfométricos y taxonómicos de todas las Apis conocidas. El Dr. Ruttner, a quien conocí personalmente en 1990, siempre consideró que la selección y el mejoramiento debían realizarse en el marco de las razas puras.

El Hno. Adam también recorrió el mundo, en particular Asia, África y la cuenca del Mediterráneo. Su objetivo fue bien distinto al del Dr. Ruttner. Hacia 1919, muy temprano en su carrera religiosa, había visto y padecido la virtual extinción de las abejas en las Islas Británicas a causa de la irrupción de los ácaros traqueales. Las únicas abejas que sobrevivieron el embate de esta plaga, fueron los híbridos que contenían abeja italiana. A partir de esta experiencia y de la aplicación del Mendelismo a la genética apícola, (resultado de su aprendizaje con el genetista Ludwig Armbruster), se convirtió en un ferviente admirador de las abejas híbridas. Su trabajo de selección culminó en la denominada abeja Buckfast que aun hoy goza de buena reputación entre muchos productores profesionales. Para el Hno. Adam, había que preservar las razas puras a efectos de producir híbridos que le permitieran al apicultor profesional gozar de los beneficios de la heterosis. En esto claramente discrepó del Dr. Ruttner, aunque es de destacar que, aunque ambos sostenían posturas ideológicas y conceptuales antagónicas, siempre se profesaron un mutuo respeto y admiración. Tanto fue así, que en 1966 el Dr. Ruttner prologó afectuosamente uno de los tres libros escritos por el Hno. Adam, me refiero concretamente a «En busca de las mejores líneas de abejas».

Entre 1987 a los 90 años, el Hno. Adam emprendió el último de sus viajes el cual le llevó hasta Kenya en busca de la Apis mellifera monticola. Se trata de una raza de abejas africana dócil y no enjambradora que habita en las regiones de alta montaña. Su intención fue enriquecer la dotación de características positivas de la abeja Buckfast, con la resistencia a varroa que él sospechaba podría aportar la subespecie monticola. Lamentablemente, su esfuerzo no pudo concretarse. Queda como asignatura pendiente para los criadores jóvenes y emprendedores levantar la bandera del Hno. Adam. Tengo la convicción que todavía ignoramos la mayor parte del tesoro genético que a nivel apícola esconde el Continente Africano. Nos hemos dejado obnubilar, por la lamentable desgracia que significó la injustificada introducción en Brasil durante 1956, de la tristemente famosa Apis mellifera scutellata, que arruinó la vida de muchos apicultores. No obstante, no debemos cerrarnos a la posibilidad de considerar a las otras valiosas razas africanas, cuya posible hibridación con las abejas europeas podría permitir sacarnos de encima la amenaza del varroa. Según los estudios morfométricos del Dr. Ruttner existen razas que vale la pena considerar, en especial: Apis mellifera unicolor (original de Madagascar), Apis mellifera lamarckii (nativa de Egipto), Apis m. yemenitica (excepcionalmente dócil), Apis m. litorea (ubicada en la costa oriental de Africa entre Kenya y Mozambique) y, por supuesto, la subespecie monticola antes mencionada.

A fines del siglo XX,  el concepto de raza geográfica acuñado por Ruttner y Adam, cambió de significado con la irrupción de nuevas técnicas de laboratorio que modificaron para siempre nuestra perspectiva, basada hasta entonces en conceptos fenotípicos, morfométricos y taxonómicos. Claramente, la utilización de la «reacción en cadena de polimerasa» (PCR) permitió identificar diferentes haplotipos. Este concepto engloba algo que abarca mucho más que el significado de raza pura y geográfica que hasta entonces teníamos. Inclusive, recientes investigaciones basadas en esta técnica cuestionaron el origen de Apis mellifera señalado por Ruttner. Hoy día, en vez de razas tenemos los haplotipos A, C y M que a su vez presentan variantes. Además del ADN mitocondrial se ha pasado a analizar el ADN nuclear que, sumado al estudio de los microsatélites, abre un panorama insospechado para mejorar a nuestras abejas.

En EE.UU. la nefasta experiencia vivida en las Islas Británicas durante la década de 1920, llevó al Congreso a sancionar una ley en 1922, que 85 años después sigue aun vigente. Por medio de la misma, se prohibió la importación de cualquier raza de abeja procedente de terceros países. Si bien permitió demorar el ingreso de los ácaros traqueales hasta 1984, tuvo un efecto contraproducente que hoy se está haciendo notar.

EE.UU. alcanzó su cantidad máxima de colmenas hacia 1958 cuando según el Departamento de Agricultura (USDA), se llegó a la friolera de 5,5 millones de colmenas. A partir de entonces, la disminución ha sido notoria, tanto que en 1987 (año del ingreso de varroa en EE.UU.) había 3,5 millones de colmenas y en 2006 sólo 2,4 millones de colonias registradas.

Variabilidad

En 50 años, no sólo bajó a menos de la mitad la cantidad de colmenas, sino que fundamentalmente hoy hay menos de la mitad de criadores de reinas que en 1958. La cantidad anual de reinas producida en la actualidad asciende a unas 900 mil, pero lo grave es que la variabilidad genética se ha reducido a niveles preocupantes.

Diversos estudios del USDA y de la Universidad de Washington confirman que la cantidad de madres utilizada para producir esas 900 mil reinas, asciende a sólo 300. Esto significa que cada reina usada como pie de cría produce unas 3.000 hijas. La pérdida de alelos en la población de abejas de Norteamérica puede tener que ver, en parte, con el actual «Síndrome de Despoblamiento». La pérdida de vitalidad involucrada en la endocría (apareamiento de individuos relacionados) y la consecuente proliferación de características homocigotas recesivas se han acentuado, de las cuales la primera y principal evidencia es la baja viabilidad de la cría que el apicultor común conoce simplemente como «cría salteada»

En un lapso de sólo 14 años iniciado a partir de 1984, los EE.UU. se vieron azotados por ácaros traqueales, varroa en 1987, abejas africanizadas en 1990 y finalmente el pequeño escarabajo en 1998. Los golpes fueron muy severos y la industria apícola estadounidense no ha tenido posibilidades de reaccionar ante tantas desgracias juntas. A consecuencia de esto, surge la importancia de China y luego de Argentina como proveedores de miel, para atender las necesidades del mercado interno que los apicultores estadounidenses son incapaces de satisfacer.

Como puede apreciarse, la difusión de las patologías apícolas se realizó al margen de las legislaciones restrictivas que pretendieron impedir la importación de valioso material reproductivo. Es más, me atrevo a afirmar que justamente a causa de esta legislación absurdamente obstructiva, muchos apicultores profesionales se vieron forzados a transgredir las barreras impuestas a fin de conseguir los ecotipos necesarios para su reproducción.

Durante Apimondia 2005 en Dublin (Irlanda), la O.I.E*. organizó un simposio –en el cual pude participar- cuyo objetivo fue recoger las opiniones de los expertos en sanidad apícola para actualizar su otro texto fundamental que es el «Manual de Técnicas de Diagnóstico». En él, se detallan las técnicas laboratoriales reconocidas como válidas para determinar la ausencia o presencia de las patologías apícolas.

Los nuevos retos

Hoy la práctica milenaria de la apicultura, tiene dos nuevos retos por delante, dos plagas que aun no salieron de la caja de Pandora. Se trata del ácaro asiático Tropilaelaps clareae y de la Apis mellifera capensis. El Tropilaelaps es un parásito de las abejas tropicales asiáticas gigantes llamadas Apis dorsata, la coexistencia evolutiva de ambos (huésped y parásito) ha permitido una convivencia armoniosa equiparable a la alcanzada entre Apis cerana y el ácaro varroa en el sudeste asiático. No quiero imaginarme el impacto que podría tener la irrupción de este ácaro asiático en las abejas europeas. Para empezar su ciclo reproductivo es mucho más rápido que el de Varroa destructor, con lo cual la sucesión de generaciones capaces de devastar a nuestras colmenas sería mucho más rápida.

En cuanto a la abeja capensis, vale la pena analizar lo sucedido en Sudáfrica a partir de 1992. La migración de estas abejas con propósitos de polinización, a regiones dominadas por la más conocida de las abejas africanas (la scutellata) provocó su virtual extinción. Ocurre que la abeja capensis posee un sistema reproductivo único dentro de las Apis mellifera, que consiste en la presencia de obreras capaces de poner óvulos que generan hembras, estas obreras «ponedoras» se comportan como «Pseudoreinas» y por sus feromonas son capaces de causar el reemplazo de las reinas scutellata. Estas colmenas scutellata conquistadas por obreras capensis rápidamente terminan siendo zanganeras.

Conviene destacar el trabajo realizado por universidades y centros de investigación, que durante los últimos 30 años han dedicado grandes esfuerzos para el desarrollo de «abejas resistentes» que no necesiten de acaricidas ni tampoco de antibióticos. Lamentablemente, los resultados han sido magros y ello ha causado un cierto descreimiento de los apicultores. Por cierto, nuestras urgencias no son compatibles con los tiempos necesarios para investigar y desarrollar estas abejas tan necesarias. Quien lleva la delantera en este emprendimiento, han sido los EE.UU. que por otra son los que tienen más presupuesto. Entre 1984 y 2007 podrían señalarse las siguientes etapas en cuanto a crianza selectiva:
-Importación de abejas británicas en 1987 por el Dr. Roger Morse (Universidad De Cornell) para controlar los estragos causados por los ácaros traqueales.
-Importación de abejas yugoslavas en 1990 para introducir características de resistencia hacia varroa. Esto fue intentado por el USDA en Baton Rouge (Lousiana).
-Importación de abejas rusas de la región de Primorski, que fue donde primero tomaron contacto las abejas europeas con Varroa.
-Desarrollo de las abejas SMR (Suppresed Mite Reproduction) que han cambiado en la actualidad su denominación por VSH (Varroa Sensytive Higiene). Esta línea es resultado del trabajo del genetista del USDA Dr. John Harbo quien logró propagar abejas en cuya cría operculada las varroas hembras se reproducen menos. Esto lo logró al precio de un alto nivel de endocría, la consecuencia lamentable ha sido un patrón de cría salteada y un bajo nivel de aceptación por parte de la industria apícola estadounidense.

Estamos a tiempo de asimilar las experiencias negativas de la globalización para implementar resguardos sensatos a nivel legislativo que no incentiven aun más el comercio ilegal de abejas. En este sentido, propongo la constitución de una organización internacional de criadores de reinas que sea un órgano consultivo de la O.I.E., para asesorarla en cuanto a la adopción de medidas sensatas que eviten la expansión de patologías apícolas. Esta iniciativa será dada a conocer formalmente en Apimondia 2007 que tendrá lugar en Melbourne (Australia)

*Organización Mundial de Sanidad Animal, creada en 1924; establece estándares, directrices y recomendaciones para el comercio de animales vivos y subproductos de origen animal, actualizados en 2003 en el “Código Sanitario de Animales Terrestres, Mamíferos, Aves y Abejas”.

LA VERSION COMPLETA DE ESTA NOTA PUEDE VERSE EN FORMATO PDF EN EL SIGUIENTE LINK: http://www.malkaqueens.com/espanol/prensa/vapicola.html

Bibliografía:

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Martin Braunstein

Martín Braunstein
Representante de la SRA (Sociedad Rural Argentina) ante el «Consejo Nacional Apícola» (SAGPyA) y ante la «Comisión Nacional de Sanidad Apícola» (SENASA)